Mirada de Lechuza



Casi una República sin fin

Primera Categoría

 

PRIMER PREMIO  – CASI UNA REPÚBLICA SIN FIN-

SEUDÓNIMO:(Negra murguera) AUTORA:  Julieta LIZÁRRAGA

COLEGIO: NUESTRA SEÑORA DE LA UNIDAD

DIRECCIÓN: Nueva York 2467 TEL.: 4572-8986

Casi una República sin fin

 

Los festejos de un año nuevo ya estaban casi listos, una banda que había nacido en Villa Celina años atrás, y había sido muy notoria en el último tiempo, decidía concluir el año con un tercer Cromañon, un último recital que convocaría a toda una República “Callejera”.

Una república con sus normas, cada estampado en las remeras, cada significante par de zapatillas, cada corte en cada cabeza, su himno cada canción, su cielo, una media sombra, su baile, un pogo y su luz, una bengala.

Ojos locos fue la banda soporte, la que actuó como Jefe de Gobierno y ambientó el lugar, ambientó a una república sin casi formar parte de ella. Luego Callejeros se adueñó, fueron tanto como un dueño, fueron dueños del escenario, dueños de una república, de una república sin control.

Entre su baile, sus trapos y sus himnos, se encendió la luz, la luz de una bengala que terminó acabando con todo.

La bengala pegó en su cielo, su cielo cayó sobre ellos, su luz se duplicó mil veces más, el calor era cada vez más, así como eran cada vez más los significantes pares de zapatillas que ya no podían correr.

Ya no había dueños, ni dueños responsables de lo ocurrido, ni dueños de sus propias vidas, ya nadie tenía control, todo se había convertido en una triste república inmóvil.

¿De que vale culpar a esos dueños que casi sin conciencia jugaron con sus vidas, que casi sin sentirlo dejaron una marca en la historia, que casi sin quererlo desarmaron una república?

Hoy esa república renace, con sus normas, con cada estampado en las remeras, cada significante par de zapatillas, cada corte en cada cabeza, pero esta vez con el recuerdo de haber perdido, sin razón alguna, a parte de su república, por la que hoy y siempre seguirán luchando, por ese dolor que sintieron, por ese dolor después del dolor, por lo que merecen, una justa y necesaria justicia.

Negra Murguera

 


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