Afiliàte
Desde hace mucho tiempo venimos bregando tras el objetivo de crear una nueva experiencia política en nuestro país. Pensamos que las transformaciones vividas por la humanidad y los cambios dramáticos y regresivos que la Argentina tuviera en los últimos treinta años, dieron por tierra con el arsenal convencional de ideas y prácticas políticas que, en su momento, hicieron posible muchas de las gestas de reforma social que se vivieran en el mundo y en nuestra tierra. Es por eso, que desde hace mucho rato nos dimos a la tarea de promover experiencias nuevas que permitieran restituirle herramientas a nuestra sociedad para poder discutir su futuro.
Nos sentimos parte en esta decisión, de las mejores tradiciones que en materia política produjo nuestra sociedad .Por esto, hemos sido y somos partícipes de los arduos y trabajosos procesos de reconstrucción de organizaciones populares que se han dado luego del genocidio dictatorial. Desde la pelea por los Derechos Humanos hasta la construcción de una nueva experiencia de los trabajadores capaz de articular tanto a aquellos que pueden organizarse en su sector de trabajo o establecimiento como a quienes despliegan su tarea en el ámbito territorial (CTA); desde el involucramiento en la conflictividad social hasta la promoción de ámbitos de debate y producción intelectual que aporten a la presentación de soluciones para los múltiples problemas de la Argentina; todas estas instancias constituyen para nosotros las responsabilidades a asumir para quienes intentamos retomar un camino emancipatorio en nuestro país.
Fuimos parte de los procesos sociales que dieron lugar a la irrupción popular del año 2001 y 2002, y creemos que en la fuerza que ellos instalaron descansan buena parte de las mejores realizaciones que acontecieron en nuestro país en los últimos años (Juicio a los represores, nueva Corte Suprema, mejores definiciones sobre política exterior, etc.). Sin embargo, el hecho de que nuestros gobernantes sigan tributando en las viejas estructuras tradicionales ha terminado por esterilizar el impulso transformador de aquella irrupción social y ha vuelto a instalar una lógica fuertemente asociada a la defensa del status quo y de los intereses de siempre.
La tarea expuesta permitió que ya en el 2003 pudiéramos incursionar en el ámbito electoral y desde ese momento me desempeño como Diputado Nacional. En los últimos dos años decidimos acometer la tarea de construir también una herramienta propia que nos permitiera intervenir electoralmente con autonomía sin tener que depender de las viejas estructuras para poder participar de una elección. Es decir, interpretamos nuestra tarea en este plano de igual modo que lo hemos hecho en todos aquellos en los que participamos. Se trata de gestar nuevas herramientas en el campo social, intelectual, cultural, y también en el plano electoral, que permitan que la sociedad vuelva a sentirse parte de la decisión. Nos duele la desigualdad, nos indigna el saqueo al que es sometido nuestro país en materia de recursos naturales, pero estamos convencidos de que el único camino para construir una sociedad que se organice en función del conjunto, es que todos seamos parte de la decisión. Es por esto que nuestro compromiso político principal es con la democratización de la decisión como único camino posible para cuestionar las distintas formas de dominación, erradicar las desigualdades y las injusticias.
En esta dirección y siendo parte del proceso mayor que describimos, es que fundamos el Partido Buenos Aires para Todos, y ya en el 2007 participamos en dos elecciones. Nos dieron su apoyo primero cerca de 60.000 porteños y luego casi 150.000. En este proceso hemos articulado nuestra experiencia con otras historias y perspectivas como la que expresa Pino Solanas o los compañeros del Socialismo Auténtico en el marco de lo que se conoce como Proyecto Sur. También nuestra experiencia electoral se hermana con la tarea que desarrollan en Neuquén los compañeros de la Unión Por Los Neuquinos, con quienes promovieron el Frente social por la Dignidad en Misiones y ahora con quienes liderados Victor De Gennaro han encarado la tarea de construir un instrumento electoral en la Provincia de Buenos Aires. Finalizamos el año 2008 participando de la experiencia de la Constituyente Social en Jujuy y movilizándonos hacia Plaza de Mayo el 12 de Diciembre bajo la consigna “ El Hambre es un Crimen “ y denunciando una de la hipotecas que con mayor claridad y contundencia cuestiona el futuro de nuestro país: La infantilización de la Pobreza. Nos hacen falta muchas más cabezas y muchos más brazos para poder ampliar nuestra tarea. Necesitamos de la mayor participación posible y es en ese sentido que va esta carta. También la escribo para trasmitirte que en todo este proceso hay reglas formales que cumplir y que el no hacerlo puede restarle autonomía y eficacia a nuestras propuestas. En ese plano se ubica la necesidad de cumplimentar con las afiliaciones necesarias para poder lograr el reconocimiento definitivo de Buenos Aires Para Todos. De no hacerlo, perderíamos la posibilidad de intervenir con autonomía y criterio propio en las elecciones próximas, quedando subordinados a las reglas que fijen las estructuras tradicionales hoy vigentes. En este sentido, si sentís que es importante que nuestra tarea se mantenga, si querés acompañarnos, te digo que hoy es muy importante que te afilies. En caso que así lo decidas, te pido que contestes este correo dando tu consentimiento para que algún compañero/a nuestra tome contacto contigo.
Un gran abrazo
Claudio Lozano
clozano@diputados.gov.ar
Macri bestia y ladrón: ¡Para de robar adoquines y destruir la ciudad!

Carlos Calvo y Sánchez de Loria. Uno de los depósitos a los que mandan los adoquines. Los vecinos denuncian que “se pierden” muchos por el camino.
La poco feliz idea de arrasar con los adoquines finalmente le está causando un fuerte dolor de cabeza al gobierno porteño: al éxito de los amparos presentados por los vecinos de San Telmo para preservar el empedrado de la calle Defensa, se sumó la intervención de la justicia en un caso similar en Barracas, la movilización de vecinos de Villa del Parque, y una denuncia penal en la que se señala al Poder Ejecutivo de la ciudad como responsable de la violación de las leyes que prohíben remover el adoquinado y de permitir la venta ilegal de estas piedras históricas.
Lo que empezó como una suerte de mito entre los vecinos de Palermo, Belgrano, San Telmo y Barracas, que veían pilas de adoquines en algunas esquinas, estalló con el famoso proyecto Prioridad Peatón que pretendía levantar el adoquinado de la calle Defensa porque, según las luminarias que idearon el plan sin tener en cuenta que estaba prohibido por la ley 65 de la ciudad, favorecía el acceso a todas las personas.
De manera paralela, Javier Miglino empezó a investigar qué pasaba con el empedrado que desaparecía de un día para otro. Se puso en contacto con vecinos de diferentes barrios, sacó fotos, hizo preguntas y recopiló las suficientes pruebas como para presentar una denuncia penal, a la que la semana pasada se sumó el director de la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura porteña, Carlos Pisoni, y que tramita en el juzgado de Instrucción en lo Criminal 27 a cargo de Alberto Baños.
“Los vecinos me hicieron llegar fotos donde se veían montañas de adoquines, las que rápidamente eran cargadas en camiones identificados con una calcomanía del Ministerio de Espacio Público”, cuenta Miglino, que documentó esto no sólo en San Telmo y Barracas, sino también en las calles Miller y Sucre, en Belgrano, y en Santos Dumont a la altura de Chacarita. Dispuestos a investigar por su cuenta, los vecinos quisieron comprobar si los adoquines se vendían. Eureka. “Estos operarios se ofrecieron a vendernos 70 y 100 metros cuadrados”, revela Miglino. Algo que luego ratificó el programa GPS, del canal América, con una cámara oculta.
Se calcula que, a 2 pesos el adoquín, cada cuadra reporta una ganancia de 40 mil pesos. Y, de acuerdo a los registros fotográficos de los vecinos y de la Comisión de Patrimonio de la Legislatura porteña lo que se extrae va a parar a grandes depósitos en Tronador al 500, Dellepiane y Avenida Perito Moreno y Carlos Calvo y Sánchez de Loria, pero no se sabe cuántos “se pierden” en el camino. “Se mandaron notas al Ejecutivo pidiendo informes sobre esta situación pero no hubo respuesta”, dice Facundo Almeida, asesor de la Comisión. En la denuncia penal de Pisoni, en la que se hace referencia explícita a la comercialización de adoquines en forma irregular, se solicita como medida cautelar que se secuestren los adoquines extraídos de las calles porteñas, se haga su inventario y se pongan bajo custodia y responsabilidad del jefe de gobierno Mauricio Macri. Algo que el juez Baños deberá resolver en estos días.
Hasta el momento la cruzada vecinal logró frenar con una medida precautelar las obras de pavimentación en la calle Ituzaingó, en Barracas, y la masacre de adoquines en la calle Defensa.
El viernes pasado se convino entre los vecinos de San Telmo y el Ministerio de Desarrollo Urbano, que no se tocaría el empedrado de esa calle. “Vinieron a presentar una nueva versión del proyecto Prioridad Peatón y logramos acordar eso, pero nosotros queremos que se preserve todo el barrio, no sólo esas 14 cuadras”, advierte Patricia Barral, de la organización San Telmo Preserva. Hoy, Teresa de Anchorena, presidenta de la Comisión de Patrimonio de la Legislatura porteña, presentó un nuevo recurso de amparo para que se frenen las obras de pavimentación en México al 700 y en Gutiérrez y Cuenca, en Villa del Parque. Allí los vecinos también empezaron a movilizarse porque ya perdieron los adoquines de la Avenida Álvarez Jonte, frente a la estación de tren, considerada de alto valor histórico.
Fuente: Critica Digital
Lo raro es la familia: Nuevos relatos para una vieja historia
Sin reconocimiento legal alguno –sea cual sea el armado siempre hay alguien invisible para la Justicia–, las familias fundadas por parejas de lesbianas se multiplican, se hacen ver, inventan un camino propio y desbaratan a cada paso el reinado del sentido común.
Sentada en la dirección del jardín de infantes, María buscaba las palabras necesarias. Esta vez, Estela no la acompañaba; la presencia de las dos, atentas a la beba de seis meses, no serviría de indirecta (aunque ese tipo de mensajes, la experiencia lo dice, siempre llega deformado). Tampoco era un relato sencillo, M había sido tan deseada por ellas dos como por el hombre al que un día, en un bar, invitaron a ser padre. Demasiada información en una primera cita para pedir una vacante. Sin embargo, la directora fue la que encontró el atajo. A ese jardín de la zona de Tribunales iba una nena que tenía dos madres, María no tenía por qué preocuparse, ella, la directora, iba a acompañar a la familia, iban a resolver juntos los problemas que pudieran surgir porque, vamos, tampoco los iba a negar de plano. Hace tres años que M va todos los días al jardín Verde Limón.
La hija de Natalia y Luciana todavía no necesita guardería. Natalia va a la facultad a la noche y puede cuidarla hasta que Luciana vuelve del trabajo. Pero también conoce el Verde Limón; su mejor amiga es maestra ahí mismo y le contó emocionada que el año pasado entregaron el diploma de egreso de una niña a sus madres. Sin eufemismos y en pleno acto de fin de curso.
María y Estela viven en Villa Urquiza. Natalia y Luciana, en Lanús. La casualidad –o los famosos 8 grados que a todos nos separan y nos vinculan— tejió su red en torno de estas dos historias, apenas una constatación más de lo que cada familia por separado sabía: que era posible emprender la aventura. Aunque también podrían haberse conectado por Internet, basta poner en cualquier buscador “madres lesbianas” para que aparezcan los blogs en los que otras parejas van dejando rastros de su vida cotidiana: Mamis por dos. Dos lesbianas; 9 meses y una nueva vida; El blog de Luli; Ella, los trillizos y yo; Saltorana; Piedra libre para dos mamás; En busca de algo naranja y verde; Mamás mías; la lista sigue y los vínculos que aparecen en cada página obligarían a una enumeración interminable y hasta empalagosa que no evita que a la navegante, cada tanto, se le suelte un lagrimón de puro y vibrante amor filial. El milagro de la vida, diría un aforismo de poster; o el deseo puesto en acto, para no desbarrancar —demasiado— en las pendientes del melodrama.
El protagonista de The different dragon también tiene dos mamás.Editorial Two Lifes.
Somos dos
Natalia tiene 25, Luciana, 28. Son las mamás de una nena que todavía no cumplió los dos y es capaz de vaciar un pelotero si se le quita la atención por un rato. Es lo que intenta, al menos, mientras Natalia cuenta la historia de su gestación en un bar de Almagro: “Siempre quise tener un hijo, y además siempre quise tenerlo joven. Estuve siete años en pareja y con ella teníamos todo planeado, hasta el nombre elegido. Pero se fue todo a la mierda. A Luciana la conocí en el chat, ella jamás había pensado en hijos, ni siquiera en convivir… qué sé yo, a lo mejor planeaba joda para toda la vida”. ¿Por qué el deseo de hijos? Natalia no puede identificarlo; simplemente sabe que es así. El mismo día en que le dijo a su madre que era lesbiana le aseguró que de todos modos le iba a “dar” nietos. “Para mí, lo biológico no era un freno, aunque ni siquiera conocía a otra pareja de lesbianas, ni sabía cómo lo iba a hacer.” De todos modos, trataba de adivinar en las chicas esos rasgos que podrían convertir a una en “la madre de mis hijos”. Pero en su fantasía era ella la que siempre aparecía embarazada. Apenas pasó un año de convivencia con Luciana cuando el planteo se hizo concreto: “No sabía con cuántas trabas me podía encontrar, tal vez nos llevara años lograrlo, así que teníamos que empezar. Tenía que ser con donante anónimo, sí o sí. Sobre todo porque no quería que nadie me rompiera las pelotas, ni tener miedo de que algún día me quieran sacar a mi hijo; siempre se escuchan casos así”. Todo sucedió más rápido de lo que imaginaba. Escribieron cartas a dos centros de fertilidad —Fecunditas y Cegyr— y sólo el segundo contestó. “Nos recibieron muy bien, ahí me enteré de que tenía que ir a comprar la muestra de semen a un banco —Cryobank—, donde tuvimos una charla con un médico que nos preguntó a quién queríamos que se pareciera. Porque en las parejas heterosexuales siempre buscan que se parezca al padre. La verdad es que no nos importaba demasiado el parecido. A Luciana yo le gusto, así que ella quería que fuera como yo y eso estaba asegurado en un 50 por ciento.”
En el primer intento, Natalia quedó embarazada. Con esa noticia, las dos empezaron a pensarse como madres: “Somos dos mujeres, dos madres, con roles distintos. Cuando fantaseábamos cómo iba a ser nuestra vida en común, Lu se imaginaba arreglándole la bicicleta, por ejemplo. Algo que yo no haría ni loca. Pero, ¿eso quiere decir que tiene el rol del padre? ¡Ni ahí! Menos si lo pensás en términos de género… Yo tengo una sobrina que fue violada a los once y tiene una nena de la edad de L. Con mi hermana nos imaginamos cómo van a ser sus conversaciones cuando crezcan, porque ninguna va a tener un padre, pero qué distintos son los relatos”…
Cuando Natalia se imagina el relato que va a transmitirle a L sobre su origen, empieza con el amor que sentían las dos mamás y sigue con “un día, un médico nos ayudó para tenerte”. En estos 17 meses las cosas no fueron fáciles para las chicas: a los 20 días de nacer, L tuvo la primera de una larga serie de internaciones en terapia intensiva. Todavía está en diagnóstico y las preguntas sobre la historia familiar suelen dejarla muda, pero eso no la hace dudar de la elección de un donante anónimo: “Vivo llamando a Cryobank para ver si pueden darme un dato más, creo que habría que guardar más información sobre los donantes, porque en el cuestionario que hacen sólo hay unas pocas preguntas. A mí me re sirvió que alguien haya donado esperma protegido por el anonimato, pero a la vez hay cosas que necesitaría saber. De última, lo que nos pasa a nosotras también te puede pasar en una relación ocasional en la que quedás embarazada y no sabés nada del chabón”.
Somos tres
Estela nunca se imaginó pariendo. Sí criando. Su fantasía, antes de conocer a María, era adoptar; incluso adoptar un niño o una niña que pudiera elegirla también a ella. Como Natalia, usa la palabra biología para mencionar un obstáculo que no era: “Ni siquiera soñaba con tener un bebé porque no me interesaba una ficción biológica”, dice. María, en cambio, quería parir. Llegó a imaginarse que en una noche de alcohol podría tener sexo con algún amigo gay, una fantasía que fue cayendo por su propio peso y por el que aporta la posibilidad de la fertilización artificial, que fue el método que terminaron usando. Estuvieron casi cuatro años juntas hasta que convocaron a Diego en un bar para invitarlo a ser el padre en esa familia que empezaba a gestarse en el deseo. Diego no lo dudó ni un instante. Para él, un hijo era una presencia concreta en su futuro, tanto como el hermano o hermana que proyecta para M y que, está seguro, va a llegar.
La primera inseminación se hizo el día del cumpleaños de Estela. Los tres estuvieron en el consultorio; Diego tuvo como tarea contestar algunas preguntas sobre María —con quien ya cuenta 15 años de amistad—, Estela guió la cánula que provocaría, en esa primera vez, el embarazo que terminó con el nacimiento de M en la clínica Suizo Argentina, frente al padre y sus dos madres en la sala de partos.
Ahora que M habla —y discute, y pregunta, como lo hacen las niñas a los tres años y medio—, no llama mamá a Estela. Nunca estuvo en los planes. María era la más estricta en ese sentido. Su formación como psicóloga le hacía pensar que era proteger la subjetividad de M tener un solo padre y una sola madre. Estela, con el tiempo, se convirtió en “Lala”, un nombre nacido de la media lengua que para M es un vínculo. Después del último Día de la Madre en el jardín, por ejemplo, la miró a Estela y le dijo: “Otro día va a ser el día de las lalas, ¿no?”. Y ya preguntó otra vez por qué sus compañeritos no tienen lala. Este es el relato que eligieron para contestar: “Nosotras vivíamos juntas, nos queríamos mucho y queríamos tener una hija. Y como papá también quería, nos juntamos los tres y un médico nos ayudó”. Con el tiempo, M —como L— irá desgranando las diversas imágenes de su historia; la figura aséptica del médico como vínculo que reemplaza al sexo, el amor como motor de su llegada al mundo.
“La única vez que dije públicamente que era la mamá de M fue en el jardín, una de las primeras reuniones, tal vez porque M era bebé todavía y no se iba a enterar. Para mí es mi hija. Siempre la pensamos como hija de los tres, aunque no me diga mamá. Quién sabe, a lo mejor con el tiempo es ella la que elige llamarme así. Por mi parte quisiera que hubiera un nombre para este vínculo. Un nombre reconocido.” Ahora, María empieza a entenderlo de la misma manera. Haber cruzado experiencias con otras familias despejó eso que ella veía como una “constelación rara” para una hija: dos madres, un padre. Sin embargo, jamás se le ocurrió ocultar en ningún lado de qué se trata su familia, aunque bien podrían presentarse, Diego y ella, como una pareja separada. “No somos una familia tradicional, ni queremos aparentarlo. Si pienso en quién cumple con esa función paterna de corte de la que se habla en psicología, estoy segura de que ese lugar lo ocupa Estela. Diego tiene su propio lugar y M sabe aprovecharse de las situaciones como cualquier niña, a él le pide las Barbies que nosotras jamás compraríamos.”
La historia de Rey y Rey cuenta el feliz matrimonio de dos príncipes. Una de las pocas producciones traducidas al castellano.Ediciones Serres.
No somos nada
El huevo, para Natalia y Luciana, se rompió el mismo día del parto. Antes habían estado envueltas en una cápsula de aceptación y mimos, por parte de los padres de Luciana —y hasta de la abuela octogenaria— que enseguida se ubicaron en la cadena generacional como legítimos abuelos, y de la madre de Natalia. Habían hecho el curso de preparto juntas cada vez que las parejas eran convocadas y tenían plena confianza tanto en la partera como en el obstetra. Pero la cáscara se quebró en el peor momento: cuando iban a entrar a sala de partos, la misma mujer con quien habían hecho el curso le frenó el paso a Luciana.
—Acá entran sólo las parejas.
—¡Ella es mi pareja! —gritó Natalia entre contracciones.
—Parejas hombres —sentenció la partera, y le dio con la puerta en las narices.
La desesperación de Natalia, las gestiones con el obstetra, haberse plantado cuando en realidad las dos necesitaban entregarse a lo que vendría, hicieron que finalmente Luciana presenciara el parto. Pero la frustración, la bronca, la confrontación permanente con la falta de estatuto legal que une a esta familia, siguieron lastimándolas en los momentos más dolorosos. “Cada vez que internamos a L dejan afuera a Luciana porque no es nadie. Yo me desespero, no lo puedo creer y la peleo hasta el final. Ella está un poco cansada, llora, me dice que no importa. Pero es por las dos, L también la necesita.” A la terapia intensiva, se supone, sólo pueden entrar padre, madre, abuelos paternos y maternos. Ese permiso reduce para L el universo de su familia a dos personas: Natalia y su madre. El resto de esas caras y esas voces que podrían tranquilizarla, mimarla, consolarla, queda afuera cada vez hasta que Natalia exige, habla con un jefe, con otro, consigue una carta, logra franquear la puerta. “Pero aunque las internaciones sean en el mismo lugar, siempre hay un médico o un enfermero que cambia. Dicen que la gente se queja porque entran ‘la mamá y la tía’. ¿Y por qué no preguntan antes de inventar un vínculo?”
Para quienes no quieren ver, inventar un vínculo es tranquilizador. El padre de Diego, por ejemplo, le ha preguntado por “su mujer” —en relación con María— frente a las carcajadas del resto de la familia. “Pero yo con mi viejo apenas tengo relación”, dice Diego y pone al margen ese único lugar hostil que puede reconocer. “Trabajo en Cancillería, que es como un ministerio gay, todo el mundo sabe de María y hasta recomendé nuestro obstetra a una compañera que también va a tener un hijo con su pareja y un amigo maestro. En mi edificio saben que vivo con Jorge y que M se queda tres veces por semana, que es mi hija, y no hay sorpresa, ni comentarios. Yo no siento la discriminación, aunque sé que existe y pienso que M puede sufrirla cuando crezca. Para mí no fue fácil el colegio, sufrí mucho por mi condición. Pero creo que ahora es distinto.”
De todos modos, la falta de amparo para estas —¿otras?, ¿nuevas?— familias no es una sensación térmica. No lo es para Natalia y Luciana cuando ven sufrir a su hija y tienen que distraerse reclamando su derecho. No lo es para María y Estela porque saben que la relación de Estela y M depende de la voluntad de los primeros implicados y, en casos de fuerza mayor, de sus familias. “Y si yo quiero a mi hija como la quiero —dice María—, tengo que asegurar ese vínculo, incluso más allá de mí, aunque Estela me cague con otra mina y se vaya a vivir con ella.”
¿Quiénes somos?
“Hoy, Tato, al salir de bañarse, llamaba ‘Maaaaá’, y al responder yo, me dijo: ‘No, la otra má’, refiriéndose a Triana, en vez de nombrarla madrina como la mayoría de las veces, provocando una alegría contenida en ella, ansiosa por compartir esto conmigo por si no había escuchado.” Tato tiene seis años, dos madres y un hermano que nació —por el mismo método de inseminación artificial— este año. Su historia se puede rastrear en el blog Mamis por dos. Madres Lesbianas. Es gracioso leer en este post cómo el niño se soltó tranquilamente de cualquier convención y llamó a las madres por su nombre, a pesar de que ellas —según cuentan— lo habían acostumbrado a llamar a una “madrina”. Todo un acto de autonomía y de afirmación de la propia historia de un niño capaz de preguntar por qué lo tuvieron sin papá —”porque estaba enamorada de una mujer”— y escucha, una vez más, el cuento del médico que ayuda a las “semillitas” —sí, todo vuelve, incluso el relato de las semillitas— a encontrarse. La pequeña anécdota de Tato da cuenta de cómo las piezas se acomodan y construyen un relato propio, cómo esos relatos se van escribiendo a medida que se viven y se transitan. María y Estela, cuando pensaron en tener un hijo, eligieron otro relato, uno que contiene al padre, despegándose del supuesto —que sobrevuela también sobre estas familias— de que sólo puede existir un binomio conyugal a la hora de formar una familia. “En una reunión de madres lesbianas, cuando reclamamos que en nuestro caso no había sólo un donante conocido sino un padre, nos dijeron: ‘Ah, ustedes están peor’”, cuenta María con un resto de asombro. La afirmación, dice, venía a subrayar la situación legal de las dos madres, pero también deja colar prejuicios en torno de guiones distintos al esperado, aun cuando la historia completa esté en gestación. “Para nosotras, el tema de la identidad era importante —agrega María—, aunque tal vez si no hubiéramos encontrado un padre, podríamos haber recurrido a la donación anónima.” Para quienes eligen esta opción, la identidad biológica es apenas una pincelada en esa pintura dinámica que construye una identidad: “Nosotras nos olvidamos de cómo son las cosas, nuestra familia también. Sin pensar, más de una vez, encuentran en L rasgos hereditarios de Luciana… ¡y es imposible!”. En los relatos de los padres que eligen tener hijos con donación de óvulos y alquiler de vientres —el método es tan caro y complicado que aquí no se conocen casos, aunque hay cientos en los países sajones—, no hay eufemismos para la ausencia de madre: “Sencillamente no hay”, como dijo Ricky Martin. La historia se va escribiendo con los propios pasos y tal vez en esa emoción pueda anidar la pasión por compartir la vida cotidiana en tantos sitios públicos. Un donante puede convertirse en padre si le abren la puerta. Una lala, una madrina, en madre. Alguien que pide que le digan mamá tal vez termine siendo reconocida por un nombre inventado. Hasta es posible devolverle a la reproducción el sexo, si es lo que se desea, incluso entre dos mujeres. En el origen del hijo que esperamos para noviembre —permítanme el desliz— hubo una noche de amor y de sexo, justo después de pasar a buscar el frasquito que donó el padre. Y que el placer —y una jeringa— ayudó a llegar al lugar correcto, justo en el centro de mi amada. Allí donde todavía se convierte en un milagro.
Un lugar en el mundo
Entre abril y mayo de este año se formó Familias Homoparentales de Argentina (FHoA), una asociación que reúne a familias diversas que buscan el reconocimiento legal de sus vínculos. Se reúnen una vez por mes para intercambiar estrategias y experiencias; y también para que niños y niñas puedan jugar juntos.
Más información: www.familiashomoparentales.es.tl
Fuente: Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-320-2008-09-25.html
MATILDE MICHANIE HABLA DE SU DOCUMENTAL LICENCIA NUMERO UNO
A los golpes por la vida
Después de varios documentales realizados en Cuba y Alemania, la directora argentina volvió al país para trazar un retrato de Marcela “La Tigresa” Acuña, pionera del boxeo femenino en la región y, según Michanie, “una transgresora por donde se la mire”.
Por Ana Bianco
Matilde Michanie, directora y guionista del documental Licencia número uno, no oculta las expectativas por el estreno (mañana, en los cines Espacio Incaa Km.0–Gaumont y Plaza Liniers) y elige cuidadosamente las palabras para referirse a la protagonista del film, la boxeadora Marcela “La Tigresa” Acuña, a quien define como “una transgresora exitosa, que se pasa haciendo cosas que no se deben hacer y que, por su propio origen, se ven peores”. Según Michanie, “Acuña transgrede al irse con un hombre que la dobla en edad en un pueblo chico, donde todos la conocen. Queda embarazada a los 16 años y se junta con él. Empieza a practicar full contact, un deporte violentísimo, se le ocurre ser boxeadora, ser la primera en lo suyo y, al mismo tiempo, mantener su costado femenino y su rol de madre. Y le va bien con todo eso. Es una heroína”.
–¿Cómo surgió la película?
–Yo vivía en Alemania y una amiga me envió una nota de PáginaI12 sobre Marcela Acuña: ahí contaba su vida y cómo había boxeado profesionalmente por primera vez. Era la típica historia de un boxeador, pero que también podía funcionar como una reivindicación de género. Me interesa la temática femenina. Mis documentales anteriores son sobre mujeres cubanas (Lo que Linda y Eumelia contaban) y sobre inmigrantes latinoamericanas ilegales en Alemania (Demasiado tarde para llorar). Ideé entonces un proyecto y lo presenté a Sur Films, una productora de cine independiente alemana, que lo aprobó. Unos meses después pasé por la Argentina y conocí personalmente a Marcela, y me cautivó. Al año siguiente, en el 2003, me radiqué en Argentina y empecé a tener contacto fluido con ella, mientras paralelamente seguíamos en la búsqueda de financiamiento.
–¿Por qué la película empieza con el backstage de la pelea del 6 de diciembre del 2003 ante la panameña Damaris Pinnock Ortega, por la corona vacante de los supergallos?
–Ella va en viaje hacia esa pelea. Anteriormente había sufrido dos derrotas y quiere obtener el título mundial y consagrarse. En ese momento, Marcela no tenía la dimensión pública que llegó a tener después. La estructura de la película la da ese viaje hacia el Luna Park, mientras va hacia la infancia de Marcela y vuelve con las imágenes del comienzo. Los silencios de Marcela dentro del auto muestran un rostro concentrado y en tensión interna. En el vestuario, la cámara registra los preparativos y la muestra en la intimidad, con sus miedos y sus dudas. Marcela sabía que si perdía le iba a resultar difícil remontar. La pelea despertaba expectativas y ella todavía estaba “virgen” en lo mediático, de ahí la naturalidad de las escenas. La música de Fernando Manuel Diéguez apunta a crear climas de suspenso y sintetiza una historia de amor y de boxeo. El formoseño Sebastián “Cachito” Morales le dedicó un cuartetazo, “Garras de Tigresa”, que resuena con fuerza en la película.
–¿Las boxeadoras europeas entrevistadas agregan su visión del deporte?
–La boxeadora inglesa Bárbara Buttrick es la presidenta de la WIBF, la Federación Internacional de Boxeo Femenino. Ella empezó a boxear en 1940, era muy chica y me imaginaba los problemas que debe haber tenido. El material que encontré de ella en la BBC, en blanco y negro, la muestra boxeando y como pionera. No fue fácil dar con Regina Halmich, campeona mundial de peso mosca, icono de las boxeadoras alemanas y europeas: sus peleas convocaban a millones de espectadores por tevé. Está retirada, escribe libros y promociona una línea de ropa interior femenina. También está Heidi Hartman, otra boxeadora alemana, pero que todavía está construyendo su carrera y practicó kickboxing full contact antes de llegar al boxeo. Tiene un discurso más político y feminista. Regina defiende la exposición, y si le piden que sea un objeto sexual, responde a ese juego. En cambio, Heidi dice “yo quiero ser una deportista” y lucha contra los prejuicios en todas partes del mundo de que si una mujer boxea es porque tiene algún problema.
–¿Por qué eligió entrevistar también a otras boxeadoras profesionales, como Carmen “La Guapa” Montiel y Paola Casalinuovo?
–Quería tener un registro lo más amplio posible. Marcela es la triunfadora y “La Guapa” queda en el papel de la perdedora. La derrota en público es desoladora y muy pesada. Elegí a “La Guapa” por su personalidad, me gusta el estilo directo que tiene cuando dice “me hubiera gustado ser campeona de algo una sola vez y decir: bueno, llegué…” Por su parte, Casalinuovo había obtenido una medalla en el 2002, en la categoría amateur. Pero después se desencantó del boxeo y creo que no está peleando. En la película ella enfatiza la falta de protección, la diferencia de cachet para las boxeadoras y dice: “A mí no me gusta que me peguen, me gusta pegar”.
–El discurso de los hombres entrevistados es machista a ultranza.
–Me causa gracia la reflexión del periodista Carlos Irusta: “Ahora pelean mejor, piensan más”. Gustavo Negrelli, de la FAB (Federación Argentina de Box), que me ayudó mucho en el documental, dice que “en realidad las mujeres no tienen fuerza”. El periodista Horacio Pagani es el opositor más directo. Dice que una mujer nunca podrá “representar fortaleza” y que “imponer condiciones físicas entre mujeres es una cosa fea, triste, no me gusta”.
Juicio por Cromañón: números, mitos y sentimientos
En la misma sala en la que se juzgó a las juntas militares, el juicio por la masacre de Cromañón será un modo de analizar el rol de la corrupción en el siniestro evitable más grande de la historia judicial argentina. Callejeros, Chabán pero sobre todo los funcionarios políticos y policiales –los imputados y los que vienen zafando- simbolizan una lógica política de la época, donde el mercado y el Estado privilegiaron sus negocios por sobre la vida humana. Datos y palabras para tratar de entender.
¿Qué significan las palabras “hacer justicia”?
Tal vez esa será la pregunta más perturbadora que ronde al viejo palacio de Tribunales (al que le han pintado la fachada) cada vez que el Tribunal Oral formado por María Cecilia Maiza, Marcelo Alvero y Daniel Llanos entre a la Sala de Audiencias y el secretario Julio Di Giorgio diga “de pie”, como es costumbre.
Cuando eso ocurra, durante siete u ocho meses de juicio oral y público, volverá a ser 30 de diciembre de 2004.
Aquella noche, el boliche República Cromañón fue la trampa que envenenó con humo de cianuro de las mediasombras a cientos de chicas y chicos que habían ido a un recital de fin de año. Mató a 194. El veneno sigue activo. “Aquí no se juzga un accidente sino la tragedia evitable más grande de la historia judicial argentina” describe a lavacael abogado José Iglesias (papá de Pedro, uno de las víctimas) “y esperamos con este juicio poder mostrar su causa: la corrupción”. Silvia Bignami, (la madre de Julián Rozengardt) postula algo que es casi un editorial político de la época: “Esperamos que se juzgue una lógica. La lógica Cromañón , donde se privilegia el negocio por sobre la vida, y se cuida más la propiedad que a las personas”.
Hay 15 acusados. Tres ex funcionarios (Fabiana Fiszbin, subsecretaria de Control Comunal, Gustavo Torres, director de Fiscalización y Control y Ana Fernández, directora adjunta de Torres). Dos policías (el comisario de la 7º, Miguel Belay y el subcomisario Carlos Díaz), el empresario Omar Chabán y su ‘mano derecha’ Raúl Villarreal, y el grupo Callejeros (6 músicos, el manager y el escenógrafo).
Los delitos van desde estrago doloso seguido de muerte, hasta cohecho (más conocido como coima o soborno). La diferencia es que el cohecho es “activo” para los que pagaron la coima, y “pasivo” para quienes la recibieron. Los funcionarios, por ahora, sólo están acusados de incumplimiento de sus deberes. Se espera la declaración de 346 testigos.
Números de la República
El Movimiento Cromañón consiste en la articulación de los diversos grupos de sobrevivientes y familiares que –contra las típicas lógicas argentinas- tienden a permanecer unidos, acompañarse y trabajar juntos, mucho más que a fragmentarse. En la articulación estuvieron haciendo cálculos a partir de lo ocurrido en República Cromañón, República Argentina:
- 194: víctimas fatales.
- 887: internados con diversos grados de lesiones y envenenamiento pulmonar.
- 1.037: capacidad máxima permitida para el boliche.
- 3.000: o más, los que se había permitido ingresar.
- 100 pesos: coima que recibía la policía cada 500 personas extra que se permitía ingresar.
- 15: los acusados en este juicio.
- 4: las querellas que representan a las víctimas, y que reúnen a decenas de abogados.
- 850: los querellantes.
- 4: los diferentes jueces que tuvieron la causa en el período de instrucción.
- 45: los legisladores que, sobre 60, votaron por el juicio político y la destitución del jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra.
- 43: las marchas realizadas a razón de una por mes desde entonces, aunque se pueden sumar siete de los primeros días, varias de ellas reprimidas por la policía.
- 10: familiares de las víctimas, que a su vez fallecieron por enfermedades fulminantes luego de Cromañón.
Entre los diversos grupos, además, prepararon un volante cuya información a esta altura parece inconcebible:
- 1992 Embajada de Israel 29 muertos
- 1993 Kheyvis 17 muertos
- 1994 Atentado a la AMIA 85 muertos
- 1995 Embalse Rio Tercero 7 muertos
- 1997 Avión Austral 74 muertos
- 1999 LAPA 65 muertosLos que faltan
El denominador común, además de la muerte, es la impunidad en todos esos casos, lo cual tal vez establezca cierta tendencia judicial, que quién sabe si ahora se podrá revertir. José Iglesias explica: “Este es un juicio incompleto. Nunca va a estar lo suficientemente completo porque el primero que debería estar, Aníbal Ibarra, fue sobreseído por razones políticas y porque la corporación judicial – o al menos una parte- siguió protegiéndolo”.
Iglesias y los familiares consideran que hay responsabilidades distintas: “Lo fundamental para nosotros son los funcionarios acusados, que son los que permitieron a todos los demás hacer lo que hicieron. Un escaloncito debajo están los policías. Y luego el grupo, Chabán y Villarreal”.
En términos más amplios, plantea: “Para nosotros lo central es que se entienda que hay una consigna en las marchas, que es literalmente cierta. A los pibes no los mató ni la bengala ni el rock. Los mató la corrupción. El lucro desmedido es corrupción. El sistema que participa de esas ganancias es corrupción. Y la coima directa es corrupción directa”.
Silvia Bignami acuerda con este razonamiento: “Estuvimos con el fiscal y de pronto nos dice: parece que para ustedes fuera más importante Ibarra que Chabán. Ni lo habíamos hablado entre nosotros, pero le dijimos que por supuesto. Porque Chabán es un empresario. Uno puede querer que hubiera otra clase de empresarios. Pero Ibarra era el Estado. Entonces, o cuidás a la gente, o no me vendas que lo vas a hacer. No es que no queremos condena para Chabán sino que no somos tontos, no queremos que le den 50 años a Chabán y que los funcionarios queden exonerados. Eso sería una mentira”.
Iglesias cree que en un juicio completo, debería participar también Vilma Ibarra (hermana del ex jefe de Gobierno). “Ella, por su manejo con los negocios de la noche. Y hay gente que está procesada y espera el 2º juicio oral, como Juan Carlos López, ex secretario de Seguridad, o Rafael Levy”. Levy era el propietario del lugar que Chabán arrendaba. Fue sobreseído hace pocos días. “Ahora tenemos que apelar para revertir ese sobreseimiento” comenta Iglesias. En ese segundo juicio deberán también analizarse las responsabilidades de los funcionarios que mantuvieron abierto un lugar como Cromañón, entre muchas otras. “Nosotros tomamos esto como el primer capítulo de una novela larga. Pero existe una corporación judicial que pretende que sea el último capítulo”.
La razón para buscar esa clausura del caso, según Iglesias, es la siguiente: “Cromañón es un mal ejemplo, que se puede expandir. Hay una corporación judicial, e incluyo en lo que digo a la Corte Suprema, que tiene una concepción aristocrática del Poder Judicial. Ellos son los cortesanos, y el pueblo son los súbditos. Pero resulta que los súbditos andan medio subversivos, y hay que cuidarse de ellos, que somos todos nosotros”. Iglesias considera que no se establecieron recaudos de espacio y condiciones para una causa como esta. “Todos hablan mucho, pero en la práctica se hace poco. Aquí la consigna es: adaptarse a lo que hay, y callarse la boca”.
Un caso emblemático fue el blindex (vidrio blindado) con el que se divide a la sala. “Primero, los abogados íbamos a estar del otro lado del blindex, recién lo pudimos solucionar a último momento” relata Iglesias. Silvia: “Lo loco es que Cromañón está planteado como un juicio de alta peligrosidad, pero los peligrosos somos nosotros, los familiares”. Silvia suma entre los gestos de las últimas semanas el sobreseimiento de Levy al procesamiento de tres padres (Bonomi, Righi y Fernández): “Uno de ellos le dijeron a la jueza (María Angélica) Crotto, que los chicos desde el cielo la iban a castigar. Entonces ella los denunció (a los padres) por amenaza agravada. Yo me quedé pensando que yo tendría que haberla denunciado a ella en su momento”. Silvia recuerda el encuentro que tuvo –junto a un grupo de padres- con la señora Crotto, quien les recomendó hacer el duelo: “Nos dijo que teníamos que hacer el duelo con nuestros hijos, igual que ella lo hizo cuando le extirparon un tumor”. La opinión sobre la comparación entre “tumor extirpado” e “hijo muerto” queda a cargo de las y los lectores.La testigo muerta
Silvia asegura que otro golpe de estos días fue la inesperada muerte de Ana Sandoval, 36 años, que trabajaba en Cromañón. “Fue de las que entró varias veces a sacar gente, y declaró haber visto el momento de pago de coimas por parte de Chabán a la policía”. Ana estaba en la puerta de Cromañón aquel 30 de diciembre, y adentro estaba su amiga Patricia González, 21 años, quien falleció aquella noche. “Entré cuatro veces, pero era imposible llegar a los baños por el humo, que no te dejaba respirar. Pude sacar sólo a algunas personas que estaban a mi alcance”, recordó Ana en alguna entrevista.
Silvia: “Para mi nunca se pudo recuperar del humo que aspiró”. Otras versiones dicen que Ana tenía problemas estomacales. En cualquier caso, las causas de su muerte el último 7 de agosto, en el Hospital Fernández, que los médicos no pudieron precisar, siguen siendo lo suficientemente misteriosas como para que algunos de los abogados de la causa reclamaran una autopsia. “Era una testigo clave y lo raro es que no te puedan dar una explicación convincente” dice Silvia.¿Qué se enseña en la Facultad de Derecho?
Iglesias tiene como expectativa que se logren penas con prisión de cumplimiento efectivo. “La función que tiene el derecho penal en las sociedades modernas, si es que todavía tiene alguna, es que hay normas que cumplir, y si no hay un castigo”.
¿Lo que pasó judicialmente luego de Cromañón es una desmentida a lo que usted estudió en la facultad?
-No, porque yo no estudié el modo perverso de interpretar las normas para que los corruptos eviten ir a prisión. Lo que estudié es cuáles son las normas correctas que hay que cumplir, y cómo llegar a un resultado justo.
-¿Qué siente frente a la brecha entre teoría y práctica?
-Asco. Durante 18 años formé parte del poder judicial. Vi muchas épocas, vi su decadencia, y hoy siento eso. Dejo a salvo a algunas personas, Le doy mi cuota de confianza a los jueces de este tribunal oral. Pero uno encuentra a personas que se manejan diferente. El marasmo es la institución.
-Frente a la muerte de un hijo, ¿el juicio puede funcionar al menos como una catarsis?
-No sé cómo me funciona todo esto, pero nunca como catarsis. Catarsis es una descarga que se puede producir si uno tiene un cable a tierra. Por ejemplo, que haya algo de justicia. Pero aquí no tenemos casi de esos pequeños placeres. No hay descarga. Sólo carga, y la seguiremos llevando como una mochila militante con todos los padres. Estoy notando que todos quieren ser protagonistas, estar presentes. Esa es una gran fortaleza que hemos tenido todos juntos.Ateos + creyentes
Al menos dos páginas web como Memoria y justicia por nuestros pibes (www.lospibesdecromagnon.org.ar) que así como la página y el newsletter del grupo Que no se repita (www.quenoserepita.com.ar) están organizando cómo difundir lo que ocurra en el juicio. Varios familiares reconocen que ante la solicitud de diversos medios “prácticamente nosotros tenemos que hacerles las notas”. Eso llevó, por ejemplo, a que Memoria y justicia sistematizara los datos que presentamos más adelante. Para Silvia Bignami, sin embargo, el juicio no es algo central en lo que se ha venido haciendo:
-Lo principal es que nos hemos mantenido durante todos estos años con una tendencia a la unidad y no a la dispersión, como ocurre –dolorosamente lo digo- con tantos grupos. Hemos podido sortear dos diferencias. Una, con respecto a la responsabilidad de Callejeros, y otra con respecto a cómo construir juntos. Los medios grandes nos ignoran, pero seguimos haciendo una marcha por mes, publicamos nuestros documentos, hacemos conferencias de prensa conjuntas. El grupo se mantuvo. No sé si a alguien le importa. A nosotros sí.
¿Cuál es la clave para que eso haya podido ocurrir?
-Una cosa, es que eran muchos los muertos… (se queda pensando)… pero en otros casos también hubo muchos, y no pudieron mantenerse unidos. Yo creo que la muerte de los chicos nos dejó una obligación: tratar de ser mejores personas. Hay discusiones que terminan cuando alguien dice: che, los chicos no querrían vernos pelear. Y yo te confieso: no sé qué querrían los chicos. Yo soy atea. Pero te reconozco que el hecho de que haya muchos papás y mamás creyentes influyó en la necesidad de seguir unidos, porque los chicos nos miran desde otro lugar. No te hablo de la Iglesia, que no es precisamente lo que le ha hecho bien a nuestro país. Pero hablo de la creencia. Y además, este ha sido uno de los poco slugares donde la diversidad y la heterogeneidad fue una fortaleza. Nos sacamos de encima esa idea de que para estar juntos tenemos que pensar lo mismo. También creo que ocupamos cierto lugar en la lucha por los derechos humanos hoy.
-¿Y el juicio?
-Lo que esperamos es que haya condena e inhabilitación de los funcionarios judiciales, y cárcel. Pero acá vas aprendiendo cosas raras. Por ejemplo, que para la ley tenés más culpa cuanto más cerca estás del hecho. Eso es muy cuestionable, porque los que mandan siempre están ‘lejos’ de los hechos, pero son más responsables. Aquí hubo negligencia, corrupción, impunidad. Por todo eso, era casi inevitable que ocurriera lo que ocurrió. Era una bomba de tiempo, y una lógica de negocio. Mil veces se había advertido a las autoridades que ahí podía haber una tragedia. Pero bueno, veremos qué pasa, yo no le pongo las principales fichas a lo judicial.
-¿Y a qué cosa sí?
-A la memoria, a la acción conjunta y a los chicos sobrevivientes. Porque los chicos podrían ser parte de las víctimas, o las víctimas podrían ser estos chicos. Son el mismo grupo, que se siente acorralado por la vida, por la falta de trabajo, por las dificultades para estudiar. Ellos miran y dicen ¿esto es la política? ¿Esto es la justicia? ¿Esto es el rock? Pero yo me quedo pensando algo que a lo mejor es muy loco. ¿Qué queríamos para nuestros hijos? Un país un poco mejor. Ojo: yo sé que esto que te digo es una estupidez que repite cualquiera: un país un poco mejor. Pero lo que digo es que alguna vez habría que intentarlo de verdad.Los mitos de Cromañón
Silvia cree que van a arreciar las campañas con las que suelen atacarse a los familiares, sobrevivientes y amigos de Cromañón. El grupo Que no se repita (al cual pertenece José Iglesias) preparó un trabajo que se llama Los mitos de Cromañón que aquí reproducimos, al menos para que los que quieran conocer del tema, se contenten con algo más que con repetir las mentiras instaladas por funcionarios, medios y otros cómplices que suelen luchar abnegadamente por la impunidad. Este es el texto.
“A partir de lo ocurrido en República de Cromañón el 30/12/2004, que dejó un saldo de 194 personas muertas (la mayoría jóvenes) y miles de sobrevivientes, con secuelas de distinta índole, se crearon y alimentaron numerosos MITOS .
Algunos nacieron de informaciones superficiales iniciales, otros fueron creados al correr de los días. Todos, sin excepción, fueron alimentados o recreados por algunos de los responsables de la masacre allí cometida: nada mejor que trasladar la culpa a las víctimas . Es un viejo y perverso mecanismo, que ha posibilitado un país como el que padecemos.
A continuación los listaremos y responderemos. Aclaramos que la replica a cada mito está estrictamente documentada en cientos de declaraciones prestadas en la causa judicial que, para quien le interese, están a su disposición (basta que lo requiera a través del contacto de nuestra página).
He aquí los mitos:
* En el primer piso funcionaba una guardería .
Cientos de testimonios concordantes de la causa afirman con énfasis que no existía ninguna guardería. Los pocos menores que fallecieron eran los hijos de los empleados de República de Cromañón, que esa noche (la ultima laboral del año) fueron con sus padres. (30 de diciembre)
* Los padres no los cuidaron .
Más del 80 % de los jóvenes fallecidos era mayor de edad, los chicos de 15 a 18 años estaban dentro del horario permitido a menores (de 16 a 24 horas).
La mayoría de los fallecidos (40%) perecieron intentando salvar a los chicos que quedaban dentro del local.
* Los padres no se informaron sobre el lugar al que iban sus hijos .
Los chicos concurrieron a un lugar al que le fue otorgada la habilitación. Ese local era uno de los cinco lugares más grandes para celebrar recitales en la ciudad de Buenos Aires. No era previsible que no estuviera habilitado, ni que pudiera mantenerse abierto con el certificado de bomberos vencido desde hacía más de un mes, cuando hasta el propio recital era publicitado en revistas con el auspicio del Gobierno de la Ciudad. Por lo demás, a los ojos de cualquier padre ninguna de la infinidad de infracciones que concurrieron a la muerte de nuestros hijos estaba visible: los padres no eran especialistas en seguridad y prevención de incendios.
* Los chicos estaban drogados o alcoholizados .
En ninguna de las 194 autopsias se detectó ni alcohol ni sustancias psicotrópicas.
* Nadie busca al que tiró la bengala .
Existe una causa especialmente formada como anexo para la búsqueda y responsabilización del autor o autores del lanzamiento de la bengala. En esa causa se han hecho búsquedas hasta en las provincias del Noroeste (Tucumán, Salta). Se hizo un enorme trabajo de identificación y pericias de determinación fisonómica sobre tres identikits, a partir de los testimonios. Las tareas de inteligencia policial y búsqueda de personas han sido enormes. Los padres no descartamos que el autor o autores cuenten con cierta protección policial, que ha impedido que lo actuado tenga existo.
La causa sigue en plena investigación impulsada precisamente por nosotros.
* Los padres de Cromañón son violentos .
De los 388 padres solo tres han adoptado actitudes de violencia verbal. Ninguno de ellos jamás agredió físicamente a nadie ni pasó de la palabra a la acción. Ellos tres, como los restantes 385 padres, perdieron a sus hijos. Su violencia verbal no está provocada por una filiación política, por un acto de disputa de poder gremial, ni integran una barrabrava o una patota sindical. Fueron padres en la peor instancia de su vida. Todos los actos de los padres se caracterizan por ser absolutamente pacíficos, reclamando sin eufemismos justicia y denunciando que la corrupción mata. Cuando estos reclamos tienen nombre y apellido, los destinatarios suelen decir que los padres de Cromañón son violentos (alguna vez nos dijeron nazis: Silvina Walger, por ejemplo).
* Los padres de Cromañón formaron parte de un golpe institucional de la derecha .
Esta es una de las frases gastadas de Aníbal Ibarra y algunos ibarristas. La remoción de Aníbal Ibarra fue votada por los dos tercios de una legislatura, en la que la derecha no era mayoría. El juicio político fue decidido por los dos tercios de esa misma legislatura con una composición distinta a la que dispuso la remoción. Los votos correspondieron a la izquierda, el Ari, el Kirchnerismo, partidos independientes, y el macrismo. Los padres ni son de derecha, ni de izquierda ni de centro, son padres (las múltiples ideologías de cada uno son algo ajeno al movimiento de Cromañón, que esencialmente es tan plural como lo fueron nuestros hijos).
* Ibarra no conocía a Chabán .
Ibarra había apoyado a Chabán en 1993 cuando el Concejo Deliberante decidió clausurar Cemento. Escribió artículos a favor de Chabán en la Revista Humor y en Página 12. Tiene aún un departamento en el mismo edificio del domicilio de Chabán, unos pisos más abajo. No sólo fueron vecinos, sino que participaban de reuniones en dicha dirección: Rodríguez Peña 24. Por eso Cemento jamás fue clausurado (una clausura dispuesta por los inspectores fue prohibida a través de un handy) y República de Cromañón no era inspeccionada también como consecuencia de órdenes impartidas por handy.
* Ibarra no sabía qué pasaba en República de Cromañón .
Aníbal Ibarra recibió 36 alertas que lo advertían de la situación, algunos directamente referidos a los locales de Plaza Once y deliberadamente se desentendió. El negocio de la noche era una caja política, por eso en su primer acto público después del 30 de diciembre de 2004, salió acompañado de los integrantes de la Cámara de Empresarios de Locales Bailables. Ibarra sabía de la existencia y actividades de los boliches de Chabán.
* La justicia actúa .
La justicia en nuestro país solo actúa con una intensa lucha procesal y enorme presión. Es de recordar que en la causa principal, se sobreseyeron no solo a Ibarra, sino también a Juan Carlos López, Enrique Carelli, Vicente Risso, Yamil Chabán, etc., sino que también se excluyó al dueño del Boliche y se declaró prescripta la causa de los funcionarios que concedieron la habilitación. También se sobreseyó a Callejeros por su participación en el cohecho. Casi todas estas decisiones fueron removidas, como consecuencia de una tenaz acción judicial, promovida por la querella (no por la fiscalia). Hoy, solo como consecuencia de esa presión, están procesados López, Risso, Carelli, ha sido indagado Levy y los integrantes de Lagarto S.A.
La lucha contra los mitos es parte de nuestra actuación.
Adormecerse frente a ellos, como adherirse a lo que formulan, contribuye a la impunidad .
Las imputaciones falsas ayudan al cajoneo judicial, ya que aletargan a los medios y al control de la sociedad.
Esos silencios y tácitas complicidades son las que permiten las malditas secuencias de nuestro país.
La Puerta 12 está impune.
Kheyvis está impune y prescripto.
La Embajada de Israel está al borde de la prescripción.
Río Tercero orilla la muerte judicial.
La Amia es una causa impune.
Fray Bentos aún aguarda una voz judicial.
Lapa aguarda el resultado de un inquietante juicio oral.
Cada uno de esos hechos produjo el siguiente.
Cromañón tiene que ser un punto de inflexión.
Tomar conciencia le evitará a quien lee tener que marchar en el
futuro con la foto de un ser querido en el pecho” .
Fuente: Agencia LA VACA.ORG
MARIA MEIRA HABLA DE RETIRO, QUE SE ESTRENA HOY EN EL MALBA
Intimidad de una vida que se despide
“Era triste para mí ver que mi abuelo estaba tan próximo a la muerte, pero estar con la cámara ahí era mi forma de acompañarlo”, dice la directora, que con sensibilidad y luz natural capturó esos instantes.
Una sola locación, un departamento que habitó su abuelo, utilizó la directora y guionista María Meira para filmar Retiro, su primer trabajo documental. La cámara se da la licencia de exponer cuidadosamente aspectos privados de la intimidad de su abuelo, que está despidiéndose de la vida. El está lúcido, pero permanece en cama la mayor parte del día y un séquito de afectos lo ayuda a cumplir con sus rutinas. María Meira nació en Buenos Aires en 1976, es egresada como realizadora de la ENERC y cursó la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires. Fue co-guionista del film Tan de repente y durante el 2006 y 2007 realizó en forma independiente Retiro, exhibido en el último Bafici y que a partir de hoy se podrá ver todos los viernes en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415).
–Usted muestra el barrio de Retiro como el afuera y a su abuelo en su retiro. ¿Cómo encontró esa síntesis?
–Me llevó un largo camino llegar a esa síntesis. Empecé a grabar sin saber qué quería contar. Me conmovía ver a mi abuelo en su cama, tan lúcido y tan impedido físicamente y necesitando de todos para vivir, como un bebé. El siempre fue mandón y bien “macho”, así que encontrarse en esa situación de sensibilidad y fragilidad era para él, supongo yo, un conflicto tremendo. Si bien esa imagen de su “retiro” era la disparadora y además daba la “casualidad” de que la acción transcurría en el barrio de Retiro, me llevó bastante tiempo advertir esa “coincidencia”. Grabé muchas horas y no sólo al abuelo en el departamento. Cuando llegué a la isla de edición tenía casi cincuenta horas de material y se podían contar varias historias. Un día reapareció la imagen disparadora. La idea de contar el retiro del abuelo nos permitió hacer la selección de qué material quedaba en la narración y pudimos articular y darle sentido a la película. Intercalé los exteriores del barrio de Retiro, en donde está el departamento, para que la narración pudiera respirar, dado que la acción trascurre toda en interiores. Y casi sin darme cuenta se habían cruzado los dos retiros a los que hacía mención.
–¿Su abuelo era consciente de que usted estaba filmando?
–Mi abuelo era consciente y no le molestaba que yo estuviera por ahí con la cámara grabando todo. De hecho, siempre fue muy entusiasta de que yo hiciera cine. A mi abuelo le gustaban mucho las películas, sobre todo los westerns, las de mucha acción y tiros. Cuando yo era chica, me gustaba sentarme al lado de él en la cama para mirar las películas de Sábados de Súper Acción. Como casi siempre las tenía ya vistas y se sabía las tramas de memoria, yo le preguntaba “¿Y ahora qué? ¿Lo matan o no lo matan?”. Y él me contaba lo que iba a pasar, dejándome tranquila.
–¿Cómo planteó el trabajo de cámara?
–Empecé los registros en planos abiertos, me interesaba más ver la situación completa y cómo se movía cada uno de los personajes alrededor de él. Cuando necesité “meterme” más en él usé el zoom, no quería que mi presencia se notara. Por las dimensiones del departamento y, sobre todo de la habitación, no me era posible realizar planos frontales. Recién el último día en que lo grabé, cuando fue su cumpleaños 94, el 19 de noviembre del 2007, sentí la necesidad de hacerle ese primer plano frontal. Tuve que hacerme lugar en el placard que estaba enfrente de la cama. Corrí la ropa y las cajas que había ahí adentro y me acomodé. Desde ahí grabé el plano de frente de la cama y el de su rostro cuando se va quedando dormido y las volutitas de luz revolotean en el aire a su alrededor. Después de ese día no lo grabé más. Sentí que para mi ese era su final, su despedida. Y en febrero, a menos de tres meses de cumplir años, mi abuelo murió. Volví al departamento recién en marzo o abril, cuando empezaron a hacer el desalojo de sus cosas, y filmé el epílogo del film, en donde cuento su ausencia.
–¿Cómo se sintió filmando a su propio abuelo?
–Estar en el departamento tan pequeño y en ese momento de despedida era doloroso, asfixiante, era triste para mí ver que mi abuelo estaba tan impedido y tan próximo a la muerte. Estar con la cámara ahí adentro era mi forma de acompañarlo también.
ENTREVISTA CON HABIBA DJAHNINE, REALIZADORA ARGELINA
Regreso al escenario del crimen
“Descubrí que no haré nunca el duelo, ella murió demasiado joven, su asesinato es cada vez más inaceptable”, dice la documentalista, que en Carta a mi hermana reconstruye las circunstancias de la muerte de una mujer de fuerte compromiso político.
Por Ana Bianco
Desde mediados de los años ’90 han proliferado en todo el mundo los documentales subjetivos o en primera persona. El punto de partida para llegar a lo político es un yo individual que, después de haber pasado por un tamiz esa propia experiencia, es devuelto a la sociedad a través de una mirada crítica, con una poética y una estética sensible. Carta a mi hermana se inscribe en esa tendencia. La directora argelina Habiba Djahnine hace un recorrido después de once años del asesinato de Nabila, su hermana, el 15 de febrero de 1995, en Tizi-Ouzou, un pueblo argelino. Habiba recupera la memoria en el lugar de los hechos, ella está ahí, la cámara la sigue reconstruyendo su historia familiar y relata la lucha de sus compañeras, el repliegue, el temor y el momento político que vivía Argelia en esos años. A través de una carta imaginaria a su hermana, Habiba pone el cuerpo y la voz en el documental, producido por el director israelí Eyal Sivan, referente del mejor cine documental político. En una charla con PáginaI12 –a raíz de su presentación en el ciclo “Insubordinadas: Encuentro árabe-iberoamericano de cineastas”, que concluye mañana en el Centro Cultural Recoleta–, la directora evoca a Nabila: “Descubrí que no haré nunca el duelo, ella murió demasiado joven. Su asesinato es cada vez más inaceptable. Nabila tenía la valentía de vivir su vida como ella la concebía, al contrario de sus asesinos y de los que ordenaron esos crímenes horribles. Su mensaje continúa teniendo sentido”.
–¿Por qué utilizó el recurso de una carta escrita a su hermana?
–Nos escribíamos seguido, estábamos separadas por apenas 500 kilómetros de distancia. Compartíamos la misma pasión por la militancia y el trabajo de campo en el esclarecimiento y la emancipación de las mujeres argelinas. En 1993, en plena guerra contra los civiles, decidí irme a vivir al desierto argelino para tomar distancia. Nabila estaba muy comprometida en su trabajo de arquitecta. La labor de la agrupación se había debilitado y además había una fuerte represión. En ese entonces, Nabila me escribió una carta a Timimoun, donde me contaba que sus esperanzas se habían debilitado y que el miedo empezaba a ganar a las integrantes de la asociación, que se iban yendo de a una. Esta carta, que yo respondí muy rápidamente, fue muy importante para mí. En ella, Nabila me dijo también cosas muy importantes de su vida. Al momento de escribir mi película, esta carta resurgió, como un testamento. Es por esto que decidí hacer un film que respondiera a su carta y donde yo le contaba a ella las circunstancias de su muerte y daba noticias de Argelia, de los amigos y de la familia. Es lo que uno llama en el documental el dispositivo que permite estructurar la narración.
–¿Cómo surgió la canción que le dedican a su hermana?
–Fui a ese pueblo porque Nabila había dado una conferencia en el verano de 1993. En Kabilia existe una tradición de cantos de improvisación para celebrar el presente o el pasado, cantar en memoria del ausente o ante la visita de una persona que uno aprecia y ama. Ese canto fue espontáneo, sentido por las mujeres. Lo consideré un regalo, como un reconocimiento a la lucha de mi hermana y de todas nosotras. Decidí poner esa secuencia al principio del film, porque pienso profundamente que hemos sacado la fuerza de esas voces que nos precedieron y que nos recuerdan de dónde venimos. Qué hermoso homenaje a las luchas y al destino de las mujeres…
–Nabila integraba la ONG Le cri des femmes (El grito de las mujeres). ¿Qué tipo de tareas realizaban?
–Como tan bien lo dicen las mujeres reunidas en la película, la asociación tenía por objetivo sostener las acciones de las mujeres a través de la creación de cooperativas y de actividades que generaran ingresos. Ella luchaba con las otras asociaciones por la derogación del código de familia (código que no da los mismos derechos a hombres y a mujeres) y también forma parte de sus preocupaciones la instrucción, la educación y el acceso a la cultura. Ella además trabajaba en sensibilizar y concientizar a las mujeres acerca de su salud física y mental.
Cine
UNA PELICULA DE GUSTAVO LASKIER
Los días de la asamblea
Por Ana Bianco
La rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 que volteó a Fernando de la Rúa hizo estallar la crisis de representación política. El movimiento asambleístico no fue espontáneo: venía precedido de protestas piqueteras y cortes de ruta. Organizados con horizontalidad y regidos por lazos de solidaridad, gente de clase media y alta se unió a sectores marginales para dar respuestas concretas ante la crisis. El documental Colegiales Asamblea popular, de Gustavo Laskier, comienza con De la Rúa diciendo a cámara: “El 2001 será un gran año para todos. ¡Qué lindo será dar buenas noticias!” y continúa en un vertiginoso mix de escenas de represión, movilización, cacerolazos, fuego, personas que revuelven la basura, confiscación de depósitos. El film combina archivos televisivos con filmaciones producidas durante tres años, que relatan las discusiones de la asamblea desde 2001 y los virajes hasta llegar a su disolución. Colegiales… se estrena hoy a las 19 en el C. C. de la Cooperación (Corrientes 1543) y podrá verse todos los jueves de julio. Laskier comparte experiencias sobre su ópera prima.
–¿Por qué eligió retratar esta asamblea en particular?
–Colegiales era mi barrio y yo salí con mi cámara y me encontré con mucha gente en Lacroze y Zapiola y decidí sumarme a la asamblea. Al filmar fueron surgiendo los protagonistas de un grupo tan heterogéneo. Aníbal, un mecánico de autos, subocupado y mal visto por los vecinos de un barrio de clase media y media alta, se diferencia de otros integrantes de la asamblea, a los que define como muy intelectuales, pero que no ponen el cuerpo. Yo no estoy de acuerdo, porque varios de ellos lo bancaron hasta último momento. Ricardo, herrero, era de los más combativos por su militancia de 30 años en partidos de izquierda y estaba harto del centralismo democrático y de los “dirigentes de escritorio que viven de una renta”. Si bien el grupo trabajaba junto a cartoneros, ellos dos eran los que mayor relación tenían con Lidia, delegada de los cartoneros. Ella tiene una presencia importante, pero la cámara siempre toma esa relación desde la mirada de la asamblea. Aníbal y Ricardo también representan los ideales de la generación del ’70, diezmada por la dictadura: vieron en la participación directa una nueva esperanza. A pesar de pertenecer a otra generación, Sebastián, economista y académico, también descree de la política partidaria. La otra mujer aguerrida es una cantante, Virginia, que lucha por la feria de alimentos y artesanía.
–La película se vio en el IX Bafici y en la Biblioteca Nacional. ¿Cómo fue la recepción?
–A la luz de los resultados del movimiento de las asambleas, casi en extinción, mi película es realista. La historia que cuenta es extensiva a grandes rasgos a la de otras asambleas y de ahí que la recepción del público y los asambleístas haya sido buena. Es un recorte de horas de discusión y de acciones políticas, y lo entienden todos aunque no se vean totalmente reflejados en la película.
Casi una República sin fin
Primera Categoría
PRIMER PREMIO – CASI UNA REPÚBLICA SIN FIN-
SEUDÓNIMO:(Negra murguera) AUTORA: Julieta LIZÁRRAGA
COLEGIO: NUESTRA SEÑORA DE LA UNIDAD
DIRECCIÓN: Nueva York 2467 TEL.: 4572-8986
Casi una República sin fin
Los festejos de un año nuevo ya estaban casi listos, una banda que había nacido en Villa Celina años atrás, y había sido muy notoria en el último tiempo, decidía concluir el año con un tercer Cromañon, un último recital que convocaría a toda una República “Callejera”.
Una república con sus normas, cada estampado en las remeras, cada significante par de zapatillas, cada corte en cada cabeza, su himno cada canción, su cielo, una media sombra, su baile, un pogo y su luz, una bengala.
Ojos locos fue la banda soporte, la que actuó como Jefe de Gobierno y ambientó el lugar, ambientó a una república sin casi formar parte de ella. Luego Callejeros se adueñó, fueron tanto como un dueño, fueron dueños del escenario, dueños de una república, de una república sin control.
Entre su baile, sus trapos y sus himnos, se encendió la luz, la luz de una bengala que terminó acabando con todo.
La bengala pegó en su cielo, su cielo cayó sobre ellos, su luz se duplicó mil veces más, el calor era cada vez más, así como eran cada vez más los significantes pares de zapatillas que ya no podían correr.
Ya no había dueños, ni dueños responsables de lo ocurrido, ni dueños de sus propias vidas, ya nadie tenía control, todo se había convertido en una triste república inmóvil.
¿De que vale culpar a esos dueños que casi sin conciencia jugaron con sus vidas, que casi sin sentirlo dejaron una marca en la historia, que casi sin quererlo desarmaron una república?
Hoy esa república renace, con sus normas, con cada estampado en las remeras, cada significante par de zapatillas, cada corte en cada cabeza, pero esta vez con el recuerdo de haber perdido, sin razón alguna, a parte de su república, por la que hoy y siempre seguirán luchando, por ese dolor que sintieron, por ese dolor después del dolor, por lo que merecen, una justa y necesaria justicia.
Negra Murguera


